En 2005 una gigantesca grieta se abrió en el desierto de Etiopía. Sus dimensiones eran tan asombrosamente grandes (más de 56 metros de largo y 6 de ancho en algunos puntos) que en aquella fecha algunos geólogos vaticinaron que podría ser el inicio de un nuevo océano.
Ahora, científicos de varios países han confirmado que los procesos volcánicos que se dan bajo el suelo etíope son muy similares a los que se dan en el fondo oceánico y que la grieta es, de hecho, el inicio de un nuevo océano tal y como se pensó en un inicio.
Gracias a todos los datos e información que han podido reunir desde 2005, investigadores liderados por Atalay Ayele, profesor de la Universidad Addis Ababa en Etiopía, han podido reconstruir el evento que produjo la apertura de la falla en tan solo unos días: la presión de la lava expulsada por la erupción del volcán Dabbahu, situado en el extremo norte de la grieta, fue desplazando la tierra en dos direcciones.
Las placas tectónicas africana y arábiga, que se unen en el desierto de Afar al norte de Etiopía, llevan separándose entre si a una velocidad de 2,5 cm desde los últimos 30 millones de años. Este procedimiento ha formado la depresión de Afar (de casi 300 km) y el Mar Rojo y se cree que este eventualmente podría trasvasar su agua al nuevo mar dentro de, aproximadamente, un millón de años.
El pasado 12 de junio los astronautas de la Estación Espacial Internacional pudieron tomar esta increible fotografía de la erupción del volcán Sarychev, ubicado en la isla de Matua y el más activo de las Islas Kuriles.
Es curiosa la columna principal que parece una combinación de ceniza marrón y vapor blanco mientras que en la base se puede apreciar una columna secundaria probablemente compuesta de gas caliente y cenizas en lo que los vulcanólogos denominan flujo piroclástico.
La edad de la Tierra ha sido estimada suponiendo que su formación tuvo lugar en el mismo momento en que se formaron el resto de cuerpos del Sistema Solar. Hoy por hoy no parece existir otra manera ya que se ha descartado casi totalmente el hallazgo de formaciones rocosas que provengan de la época en que la Tierra se creó.
La página del U.S. Geological Survey aloja una curiosa e ilustrativa línea temporal diseñada por Joseph Graham, William Newman y John Stacy donde podemos obsevar las diferentes eras en las que se ha dividido la edad de nuestro planeta hasta llegar al presente holoceno.
William Chadwick, de la Universidad Estatal de Oregon, junto a un equipo de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), han obtenido la primera grabación de una erupción volcánica submarina.
La grabación fué realizada con una cámara teledirigida a una profundidad de 1.800 pies (casi a 550 metros) en el Océano Pacífico.
La Tierra se formó hace, aproximadamente, 4,6 millones de año a partir de un disco de gas y polvo que circundaba el Sol. Los restos de la corteza terrestre primigenia son muy difíciles de encontrar puesto que los movimientos tectónicos del planeta los ha enterrado profundamente en el interior de la Tierra.
Cuando un grupo de geólogos descubrieron en 2001 una gran formación rocosa llamando el cinturón de Nuvvuagittuq en el litoral oriental de la Bahía de Hudson en Canadá, sospecharon casi desde el principio que su origen podría encontrarse en las más tempranas fases de formación de nuestro planeta.
Tras anlaizar los isótopos de los raros elementos geológicos que se encontraban en las rocas, principalmente neodimio y samario, determinaron que las muestras tenían una antigüedad de entre 3,8 y 4,28 millones de años.
Las rocas de Nuvvuagittuq son, según el geólogo Richard Carlson de la Carnegie Institution of Washington, “las rocas más antiguas encontradas hasta ahora”.