El fósil que se puede apreciar en la fotografía pertenece a una Eoandromeda octobrachiata, una criatura que vivió en el Periodo Ediacárico (hace entre 635 y 541 millones de años) y que colonizó una gran porción de los océanos terrestres 300 millones de años antes que los dinosaurios aparecieran.
Los fósiles han aparecido en dos ubicaciones completamente distintas: el sur de China y el sur de Australia que, según reconstrucciones paleográficas, estuvieron unidas hace millones de años formando el supercontinente conocido como Gondwana.
El doctor chino Maoyan Zhu ha llevado a cabo la investigación que ha determinado que los fósiles encontrados en ambas localizaciones pertenecen a la misma especie: un animal de ocho extremidades tubulares que se alimentaba absorviendo nutrientes de su entorno.
Antes de que aparecieran los últimos ejemplares fósiles se identificaba a estas criaturas con líquenes u hongos, pero se ha demostrado que se trata de organismos diblásticos extintos con únicamente dos capas celulares diferenciadas y separadas por una sustancia gelatinosa (igual que los actuales corales, medusas o anémonas).
Se piensa que esta especie se extinguió hace aproximadamente 542 millones de años con la aparición de especies mucho más complejas en el Periodo Cámbrico.
Son similares en forma a otros cefalópodos pero cuentan con mayor número de tentáculos dispuestos en dos círculos y desprovistos de ventosas. Pero lo seguramente el rasgo físico más característico de esta especie sea la concha nacarosa y con una gran resistencia a la presión (soporta hasta 800 metros de profundidad).
Los registros fósiles indican que los nautilus no han evolucionado apenas en los últimos 500 millones de años y que han descendido considerablemente en número y variedades en los últimos 200 millones de años, por lo que es difícil encontrar un ejemplar en la actualidad.
En el vídeo podéis ver cómo el paleontólogo Peter Ward se sumerge en las profundidades del océano en busca de uno de ellos.
Un estudio, liderada por Ed Green del Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), ha conseguido obtener la secuencia completa del genoma mitocondrial de un ejemplar de neandertal, tal y como se ha publicado en Cell.
El ADN ha sido obtenido de un fragmento de hueso de neandertal de 38.000 años de antigüedad procedente de la cueva Vindija en Croacia y, a pesar de que se han publicado más de una docena de secuencias de ADN mitocondrial de neandertal hasta la fecha, es la primera vez que se obtiene completo y esencialmente sin errores.
El hallazgo ha dado pistas de que este grupo vivía en pequeñas y aisladas poblaciones y que, probablemente, no se reprodujo con otras especies. Además proporcionará otros datos que facilitarán la comprensión de cómo evolucionó el homo neanderthalesis y, quizá, de por qué se exinguió, hecho del que aun no existe consenso.
Aunque se adivina una persona dentro del dinosaurio que guía sus movimientos (fijaos en las patas) me parece una iniciativa estupenda para acrecentar el interés de los niños por estos bichitos.
En su intento para comprender más sobre nuestro mundo, muchos científicos y estudiosos cometieron errores al investigar hallazgos paleontológicos. Muchos fueron errores honestos causados por la poca información que en la época se tenía. Otros “errores” no fueron tan honestos, y fueron el resultado de falta de rigurosidad en las investigaciones debida a la codicia por fama y dinero.
En esta entrada, que es una traducción libre de una sección de la interesantísima página web Strange Cience de Michon Scott, veremos algunos de estos supuestos hallazgos en el terreno de la criptozoología aunque, evidentemente, ha habido muchísimos más casos.
Las huellas humanas gigantes del río Paluxy (1939):
Lo peor sobre este falso hallazgo es la cantidad de gente que aun cree en él. En los años 30, el paleontólogo del American Museum, Roland T. Bird, paga una visita a los taludes de piedra caliza del río Paluxy (cerca de Glen Rose, Texas) para observar unas espectaculares huellas de dinosaurio. Su visita ocurrió durante la Depresión y algunos vecinos de la localidad decidieron vender huellas con la esperanza de obtener algún dinero.
Enseguida descubrieron que era mucho más interesante y lucrativo tallar huellas de humanos gigantes que de dinosaurios. Este hallazgo de huellas humanas es parte de esos fósiles falsos, pero mucha gente las abrazó durante mucho tiempo como la evidencia de que humanos y dinosaurios coexistieron en otra era. La verdad es que 65 millones de años nos separan.
Publicado originalmente en: “Thunder in his Footsteps” (”Truenos en sus Pies“) de Roland T. Bird en Natural History. Aparece actualmente en: “History of Science: Fossil Proboscidians and Myths of Giant Men” (”Historia de la Ciencia: Fósiles de Proboscídeos y Mitos de Hombres Gigantes“) de James L. Hayward en “Transactions of the Nebraska Academy of Sciences” (”Transacciones de la Academia de las Ciencias de Nebraska“) y también mencionado en “Quest for the African Dinosaurs” (”La Búsqueda de los Dinosaurios Africanos”) de Louis Jacobs.
En BBC News informan que se han hallado restos fosilizados de un Tyrannosaurus RexHadrosaurio en Dakota del Norte (EE.UU.) que aun conserva restos de piel, músculos y tendones en su cuerpo. Se piensa que, incluso, podría conservar algunos órganos internos.
Una de las conclusiones que los paleontólogs ha revelado sobre los restos es que las ancas traseras del dinosaurio son un 25% mayores de los que en un principio de pensaba. Ésto significa que el Tyrannosaurus poseía mayor masa muscular y por tanto podría desarrollar una mayor velocidad.
Debido a que los restos están fosilizados, no se puede saber el color de su piel pero sí se puede apreciar un patrón de escamas que recuerdan a la de los modernos lagartos y que, en ocasiones, está asociado a cambios de color en la piel.
El dinosaurio fue encontrado en 1999 pero hasta el verano de 2006 no se terminaron los trabajos de recuperación del fósil. El hallazgo ha sido anunciado tras haberlo sometido a diversos estudios tomográficos computerizados en unas instalaciones en Los Ángeles antes usadas por la NASA y Boeing.